Suelo sentirme muy conocedor de las matemáticas. Sobre todo cuando apenas han pasado un par de minutos después de ver al profesor hacer el ejemplo en el pizarrón, al tutor de YouTube explicar el ejercicio, o luego de leer el ejemplo que el amable autor del libro puso para ilustrar el concepto. Pero la magia se acaba apenas llego a la sección de ejercicios y tengo mi primer enfrentamiento con uno de ellos. Me doy cuenta de que acabo de caer una vez más en la trampa de Dunning-Kruger [1]. Esta falsa sensación de competencia nos pasa todos. Para lidiar con ella, el primer paso es reconocerla. Porque así entonces nos hacemos capaces de cuestionarnos: ¿realmente entendí?; y de ponernos a prueba nosotros mismos. En el estudio, en el trabajo, y en todos lados; uno puede combatir el efecto de Dunning-Kruger. Después de mi bloqueo ante mi ejercicio de matemáticas, tendré que repasar: algo olvidé, algo ignoré, algo hice mal ¿qué fue?. Y regresaré luego al ejercicio con mejores armas para resolve...
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