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Extiende tu cerebro: Apuntes enlazados

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Cuando salí de la universidad, me di cuenta que había cometido el error de esconder todo lo que había aprendido. No lo había hecho conscientemente, ni con la intención de hacerme la vida más difícil a mi mismo. Fue más bien mi propia ignorancia que me hizo capturar todos esos aprendizajes de una forma en la que más tarde me traería dificultades para recordarlos (y aplicarlos). Yo estudié Ingeniería Electrónica. Y llevé clases de matemáticas, física, diseño de circuitos, de programación, entre otras materias. Sin embargo, creo que mi "yo del pasado" me daría buenas lecciones sobre cada una de esas materias si tuviéramos una competencia de conocimientos. Pero si algo podría enseñarle, es a tomar mejores apuntes para evitar que sus valiosos conocimientos no terminen arrinconados en un recóndito lugar del cerebro, o en un recopilador al fondo de una caja, al fondo del armario.  En este texto, pretendo presentarte un sistema que podría ayudarnos a evitar el vergonzoso ...

Los precipicios oscuros

Fulano y Sutano están en un laberinto. El laberinto, en vez de muros, tiene precipicios; y además está completamente oscuro. Los dos deciden separarse para explorar el laberinto.  Después de algunas horas, Sutano encuentra una piedra grabada con un mensaje y una flecha. Después de sentir el grabado con sus manos, lee: “¡felicidades! Ya casi estás en la salida. Camina 100 metros en la dirección de la flecha para salir del laberinto.” Con mucha emoción y alegría, Sutano grita. SUTANO: “¡Fulano, he encontrado la salida! ¡Ven aquí y salgamos!” Como no había muros, la voz de Sutano llegó hasta Fulano. Pero cuando dio unos pasos hacia donde escuchaba la voz se encontró con un precipicio.  FULANO: “¡Hay un precipicio entre nosotros! No puedo acercarme hacia donde estás tan rápido.” Y mientras seguía explorando con sus pies, Fulano tropezó y cayó. En menos de un segundo estaba colgando al filo de un precipicio. Con un gran esfuerzo se subió de vuelta al...

Un cuento sobre la razón y los errores

Están un grupo de alumnos reunidos en el salón de clase esperando a que la maestra les entregue el resultado de los exámenes de matemáticas. Y la maestra empieza a nombrarlos uno por uno para que pasen por sus exámenes. Fulano estaba sentado esperando su resultado, cuando a su compañero de al lado (Sutano) le dan su examen. Y ve que tiene una cruz al lado de la suma "2+2": Sutano había puesto que "2+2=22". "¡Qué torpe!" pensó Fulano sobre Sutano. Cuando llegó el turno de Fulano, la maestra le entregó su examen. Para su sorpresa, vió que tenía mal el mismo inciso. Fulano había puesto "2+2=12". Y enojado, fue a reclamar a la maestra: FULANO: "¡Maestra! ¡¿Porqué me ha puesto mal este inciso?!" MAESTRA: "Porque 2+2=4, Fulano. No 12." FULANO: "Pero Sutano lo hizo peor, ¡él puso que 2+2=22!" MAESTRA: "Sí, Fulano. Sutano también está mal. Pero que su error sea más grande no hace que tu respuesta sea correct...

Mis palabras ¿destruyen o construyen?

Me volvió a pasar: vi un comentario de un conocido mío en las redes sociales que me hizo perder el control. Mi conocido anónimo había citado información falsa para defender la reacción de las autoridades a la actual pandemia del Coronavirus (COVID19), con la cual estoy personalmente en desacuerdo. Le escribí una respuesta para destruir sus argumentos. Cuando terminé de reprocharle su error, me dí cuenta que yo había cometido un error más grande: pensar que mi ataque lo haría adoptar mi propia opinión. Peor todavía: creí que le estaba haciendo un favor. Pero nada más lejos de la realidad: mi comentario podría ser interpretado fácilmente como un ataque personal y dañaría colateralmente la credibilidad de mi conocido frente a sus contactos. Así que terminé por eliminar mi respuesta a su comentario. Te confieso que todavía siento un nudo en la garganta. Que todavía quisiera publicar mi reproche. Que siento una extraña tentación por demostrarle a mi interlocutor que está equivocado. P...